domingo, 23 de febrero de 2014

VIAJES - GLIMPSING PARIS







8 DE ENERO
8h. Encuentro en la Terminal. Aeropuerto del Prat. BARCELONA
9h50. Salida a París
12h. Llegada al aeropuerto Charles de Gaulle de París. Transporte hasta el albergue co RoissyBus y metro (el primer viaje de muchos)
Tarde: Hotel de Ville, Ile Saint Louis, Ile de la Cité.
16h. Visita a la Universidad de La Sorbonne.

¡Vamos, vamos! Hora de levantarse, 5h45 de la mañana y me espera un día laaargo. No sabría decir si la llegada al aeropuerto fue rápida o lenta, pero ahí estaba yo enfundada en unos pantalones de tweed y un grueso jersey de lana, preparada para cojer el avión. Hacía tres años que no volaba, desde mi viaje a Londres, y fue toda una experiencia de nuevo. Asiento 14F, ventana y ala ¿alguna vez cambia?
Me acomodo, me abrocho el cinturón y... ¿de veras alguien se tranquiliza con las precauciones de seguridad? Yo creo que no. Mientras el avión da vueltas por la pista, cojo una de las revistas del avión. Que sorpresa, ¡es actual! (he aquí lo poco que viajo en avión). Empiezo a leer un artículo y me siento de lo más Tam Wilder, recordándolo en el avión leyendo un artículo de Arantxa mientras viaja.
Despierto de mi ensoñación ¡despegamos! El Sol ya ha salido y... Oh! Los asistentes de vuelo. ¿Les dan puntos extra si son tan guapos? En fin... Llega mi momento favorito, ese momento cuando el avión deja atrás las nubes y de repente el Sol aparece, dejando los nubarrones grises atrás, completamente ajenos al ajetreo de las ciudades a cientos de metros más abajo.
Que calor de repente, el Sol ha inundado todos los asientos del avión, el ambiente está de lo más cargado. ¿Demasiado tarde para salir y coger aire? Todo se olvida cuando pasa el carrito de los dulces y de la comida a mi lado. De repente llega todo el hambre de golpe ¡resiste la tentación!
Algunos minutos después... Silvia, quien me acompañó durante el viaje (escolar, por cierto; alumnos de francés e historia del arte). Rebobinemos: Silvia, se ha dormido en mi hombro, que adorable. Sufro porque de vez en cuando su cabeza se ladea y resbala.
Echo un vistazo alderredor, ojos dormidos y a la vez despiertos... ¡empieza el viaje! El piloto nos desea un happy landing. Más le vale.

Como en todo viaje, el hecho de estar en el lugar es aún irreal en el aeropuerto. Y estuve un buen rato... terminal arriba, terminal abajo. Por mil indicaciones que haya... ¿quién se aclara? La espera del autobús que nos lleve al centro se hace interminable, paseo entre conversaciones hasta que llega. Una hora de trayecto después... estoy en París. Al salir del autobús y después de dejar la maleta en el suelo, doy media vuelta y me encuentro frente a la parte posterior de la Ópera Garnier. Ahora sí que estoy en París. Visión de ensueño, era lo que más ganas tenía de encontrarme y fue de lo más inesperado. Fue lo primero y lo último que vi de la ciudad, mi bienvenida y mi despedida. Después de coger el metro en la parada de L'Opéra, llego al albergue. ¿Descansar? ¡No! Vamos con retraso y tenemos una visita programada a las 16h.

De vuelta al metro, otra gran sorpresa. Cuando pensaba que el calor aumentaba y el ambiente se sofocaba aún más, me giré para toparme de morros sería la expresión, delante de un póster ENORME de Native, el nuevo disco de mi grupo de música favorito. El viaje sigue mejorando aún sintiéndome fuera de lugar. ¿Dónde está mi hermana?

Primera visita: La Sorbonne. ¡Qué preciosidad! Enormes salones, techos dorados, paredes rojas, las grandes escaleras... Me es inevitable pensar en la serie Dracula, los grandes bailes de salón...
Después de la visita, ya ha oscurecido y es hora de pasear por las calles de París! Las luces de navidad aún están encendidas y... ¡primer vislumbramiento de la Torre Eiffel a lo lejos! El frío no es para nada extremo, paseamos, comemos creps (oh, las creps!)


9 DE ENERO
9h15. Visita guiada al Louvre.Visita a Le Marais, la place de Vosges, Les Halles...
16h. Visita al Centre Pompidou
20h. La Belle et la Bete, Teatre Mogador

Mañana completa en Louvre. Levantarse costó lo suyo, pero la emoción de la visita nos levantó a todas de la cama! Cuando llegamos aún era de noche y nos acompañaba esa brisa fresca característica de la mañana. Vi algunos cuadros fantásticos y por fin pude ver algunas de esas leyendas que siempre han acompañado mis libros de texto de historia. No faltó la visita a La Mona Lisa, de Leonardo.  ¿He mencionado ya que la visita era en francés? Qué lástima... uno no podía enterarse de mucho. Lo mejor de estas visitas es cuando te separas del grupo y vas a tu aire, eso sí, intentaba no separarme mucho porque perderse en el Louvre es perderse en un gran laberinto.

Comí en un restaurante que resultaba ser conocido (por ahora no recuerdo que). El camarero pareció cojerme apega porque siempre se dirigia a mi hablando francés. ¿De verdad no se daba cuenta de que no entendía NADA de lo que me decía? La segunda visita fue al Centro Pompidou.

10, 11 i 12 DE ENERO
He dejado correr un poco los días desde que fui a París y escribí la parte de arriba de la entrada. Ahora irá todo un poco más rápido y así me aseguro que me quedo con los detalles que más recuerdo y por tanto más me impactaron en el viaje.
Recuerdo, por ejemplo, el aroma de la manzana mientras paseaba por París. Cada mañana cogía una o dos manzanas del desayuno y las guardaba en los bolsillos de mi abrigo. De vez cuando cogía una y la olía y me la comía cuando me entraba el gusanillo.  Me he aficionado a las manzanas desde entonces. Recuerdo de la ciudad que cada dos pasos había un olor diferente a comida. Macarrones, salsa de spaguetti (y no sólo en la calle, también en los museos y catedrales!).

Para el primer día teníamos programada una visita a la Catedral de Notre-Dame, pero unos contratiempos en el aeropuerto se nos comieron el tiempo y al final no pudo ser. Un pequeño grupo, aprovechando un tiempo libre de las comidas, conseguimos coger el metro con la aventura que eso conlleva para visitar la catedral. Y si valió la pena... que preciosidad. Una de mis salidas favoritas, fue el único momento del viaje en que se vislumbró el Sol en la ciudad. Los paseos son la parte que uno más disfruta después de los monumentos y la comida. Es la parte en que te infiltras en la ciudad como uno más, y la conoces como es realmente, Les Champs Elysées fueron uno de estos casos.

¿Las noches que se llevan mis mejores recuerdos? El segundo día, por la noche, fuimos al Teatre Mogador para ver una representación del musical La Belle et la Bete, en francés. Tuve la enorme suerte años atrás de ver el musical en Barcelona y sin duda se convirtió en uno de mis musicales favoritos. Me llevo un preciado recuerdo de esa noche. Destacar que pude estrenar el jersey que mi abuela me regaló por Navidad (¡gracias iaia!). La segunda noche que destaco fue la última del viaje, ¿qué mejor manera de despedirse de la ciudad que subiendo a la Tour Eiffel? Fue todo tan mágico. Las luces, la noche, el frío y la triple capa de jerséis de lana, la crepe de chocolate, las canciones bajando las escalera... Que gran momento. Las demás noches las dediqué básicamente a descansar ¿qué? Necesitaba reponerme. Y después de las eternas duchas de agua caliente reparadora era lo que más apetecía. Hubo una noche especial, sin embargo. Salimos ya de noche a Montmartre, dónde fuimos a parar a Au Lapin Agile. El pequeño rincón más acogedor, techos bajos, madera oscura, cortinas de terciopelo rojo, largas mesas bajas, paredes recubiertas con fotografías en blanco y negro y actuaciones de lo más divertidas en un pequeño espectáculo de cabaret, acompañado de una buena bebida, por supuesto. Era algo de cereza... al terminar, ya pasada la medianoche y después de visitar el exterior del Moulin Rouge, uno de mis más grandes deseos se cumplió al toparme con el escaparte de una pastelería y encontrar que vendían LOUKUMS! Desde que vi Las Crónicas de Narnia: El León, la Bruja y el Armario de muy pequeña con mi hermana, buscamos frenéticamente por todas partes las delicias turcas que la Reina Blanca regala a Edmund. No había forma de encontrarlas por ninguna parte y al final, me topé con ellas en París, justo al lado del molino.


El Musée d'Orsay fue uno de mis favoritos. Aun no teniendo reloj ni sabiendo dónde me metía, me separé del grupo y me perdí sin preocuparme por todas las salas del museo. Allí encontré maravillas de todo tipo, tanto pinturas como esculturas. ¿Dónde estuve parada más rato? Exposición de Van Gogh y delante de un par de cuadros de Monet. Lo mío es el impresionismo. El último día fue el más frío de todos, programado casi por entero para visitar Versailles y sus jardines. ¿Lo que más recuerdo ahora mismo? Recorrí varias veces sin saberlo el mismo pasillo y me encontré más de dos veces en la misma habitación. Tanto por dentro como por fuera, todo es un gran laberinto. Silvia y yo hicimos la visita a los jardines bastante por nuestra cuenta. Andar nos servía para calentarnos y la niebla era tan espesa que los caminos que llevaban al palacio quedaban difuminados y todo quedaba sumido con un aire fantasmal de lo más fotográfico. De ensueño (no sabría decirte si idílico o de pesadilla, tal vez ambos). Comimos en un restaurante de paredes azul oscuro con las paredes recubiertas de cuadros dorados de Gustav Klimt. Un lugar acogedor sin duda. Los camareros parecieron perdonar mi mezcla de castellano, inglés e intento de francés. No son tan malos al fin y al cabo. Como punto y final del viaje, la visita a la Tour Eiffel, dónde el agotamiento pareció desaparecer por unas horas para poder disfrutar del gran monumento que teníamos enfrente.


El metro, las manzanas en los bolsillos de mi abrigo, el olor a comida por cada callejón, las crepes de chocolate, la lluvia fina... pequeños detalles que hacían de cada momento único y, aunque me fuera imposible dejar de pensar que este viaje debería de estar haciéndolo con otra persona, mirándolo ahora veo la suerte que he tenido de poder realizarlo y formar parte, por unos días, de esta gran ciudad. Así que, gracias Paris. Realmente me sorprendiste.

Creé un hashtag para mi viaje, #GlimpsingParis que utilicé para mis fotos de instagram y twitter. Para ver más fotos del viaje, visita mi página de facebook!

(Que quede en acta, creo que esta, oficialmente, es la entrada más larga que he escrito nunca.)


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