13 de julio de 2015

VIAJES — GLIMPSING ZARAGOZA


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Madrugar por la mañana y pasar tres horas de camino en coche merece totalmente la pena si el destino es Zaragoza. Es la primera vez que voy a la ciudad y sólo había visto fotos de los viajes que había hecho mi hermana allí, así que ¡ciudad nueva! No puedo decir lo divertido que me fue hacer la típica parada a la gasolinera vestidos de domingo (?), paseándonos por la cafetería bien vestidos y comprando unos bocadillos para hacer el descanso. Pocas veces había disfrutado tanto con el camino de ida en coche. Una vez dejas atrás la típica carretera llena de coches, lo único que queda es el paisaje. Y digo lo único porque no había ningún otro coche en la carretera, toda para nosotros. Desde la ventana del asiento trasero, todo lo que quedaba era un terreno liso, marrón y amarillo. Casi sin ninguna montaña o turón, todo eran campos de tierra lisa, en un momento era todo naranja y al siguiente encontrabas trigo y el marco se llenaba de amarillo. La sensación es la de aparecer de repente en medio de un desierto, o como si hubieras caminado hasta la otra punta del mundo porque lo que estás viendo no se corresponde en absoluto a lo que estás acostumbrado a ver cada día. Increíble.

La ciudad también me ganó. Cada calle es como un mundo distinto, cada edificio tiene una personalidad, sus colores, sus líneas... todos sus locales tienen encanto, no pude dejar de pensar en el diseño de la ciudad, bares, locales y puertas, todo es fotografiable y digno de admirar. El Pilar, la basílica-catedral, es irreal y radiante. Si el exterior enamora, el interior ya no tiene palabras. Esos azules, la altura de las paredes, los pasillos interminables... 10/10!

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