12 de agosto de 2017

VIAJES — GLIMPSING BERLÍN

 

Creo que esta es la entrada que más he atrasado en publicar. Cuanto más tiempo aplazas escribir una entrada, más dudas tienes de que algún día llegarás a escribirla. Pero creo que mis viajes se merecen su espacio en este pequeño diario que llevo aquí en el blog y sin duda un viaje a Berlín tiene que estar presente. Parte del por qué se ha atrasado tanto es debido a que, en este viaje que hice a principios de 2015 con algunos compañeros de la universidad, aún no tenía cámara y fui tomando prestada la de mis compañeros de viaje para sacar alguna foto. Aún sigo esperando que cierta persona me pase las fotografías que hice con su cámara -a lo que estoy segura de que, habiendo hecho el viaje en el primer curso, acabaré la carrera y aún no las tendré- ¿apostamos? Conservo, sin embargo, unas pocas que hice con otra de las cámaras que se vinieron al viaje.

Qué puedo decir. De Berlín recuerdo la emoción del viaje. El aeropuerto, el cómo me sentí al bajar del avión. Las sonrisas de todos. Recuerdo el frío Alemán. Recuerdo los colores grises y las construcciones rectas de la ciudad y sus edificios. Recuerdo los paseos interminables que siempre empezaban y terminaban en Alexanderplatz. Perdernos y descubrir un precioso bosque en el centro de la ciudad. Recuerdo nuestra pasión por Primark y las comidas rápidas, visitas accidentadas y la amabilidad remarcable de su gente. Pasión por el diseño, museos y la visita a un par de estudios gráficos,  Mischen y Meta Design. Y uno de los tés que mejor me han sentado de la historia.


— Febrero de 2015 —



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